Imagina que existen infinitos tú, todos creados por infinitas posibilidades. ¿Qué harías si pudieses conocer una sola de todas esas distintas posibilidades? Para que entendáis cómo llegué a esta situación primero tenéis que conocer mi historia. Desde que nacemos la vida se define por decisiones; llorar, ser imprudente,con quién estamos, qué queremos ser… Piensa en qué hubiera pasado si hubieses decidido otra acción. Tu vida no habría sido la misma. La esencia de mis palabras viene definida por un acto horroroso e indeleble que cometí en el pasado. Tomé decisiones, beber, conducir y no hacer caso a mi mujer. Todo ello condujo a la muerte de mi hija y mi esposa, mis chicas. Culpa mía, decisiones mías. ¿Ya vais empatizando conmigo? Imaginad si pudieseis ir al Universo en el que nunca habéis cometido errores. ¿Qué daríais por llegar a él? Yo, que con tan mala suerte sobreviví al accidente, vagué por el mundo durante años sin ninguna voluntad de vivir. Hasta que sucedió lo inimaginable.
Se había descubierto un agujero de gusano muy cerca del Planeta Tierra. Uno de nuestros satélites lo había traspasado y diez años después nos enviaba lo que parecían fotogramas de un planeta idéntico al nuestro. Se armó un gran revuelo en todas partes. Todas las grandes potencias invirtieron enormes sumas de dinero en un proyecto llamado SHOY (Si Hubiera Otro Yo) en el que los voluntarios eran pocos. Decidí que este sería mi destino y me embarqué en esta peligrosa misión. Durante cuatro años me hicieron entrenar como a un negro para poder subir a la nave. Después de los 25 largos años viajando en la nave con suministros limitados llegamos a lo que llamaban “el monstruo negro”.
Mientras la enorme gravedad del agujero nos arrastraba a su centro un despiste mío hizo que me diera un golpe con un objeto contundente debido a las fuertes turbulencias. Al despertar vi la luz, por un momento pensé que estaba en el cielo, pero pronto me di cuenta de que habíamos llegado a nuestro destino: “La Tierra prometida”, otro nombrecito coloquial. Un valle amplísimo se extendía a nuestros pies, mis compañeros ya estaban preparando todo el itinerario para reconocer el lugar, aunque, por muy extraño que parezca, no parecía un planeta alienígena. Ese fresco aire de montaña, los pájaros revoloteando en el cielo azul, el frío del norte, todo era igual que en el lugar de donde venimos, La Tierra. Las sondas que enviamos para el reconocimiento del terreno nos dieron la imagen de lo que parecía una ciudad a unos 58 kilómetros de distancia. Caminamos durante horas hasta poder contemplar lo que se veía como una copia exacta de la Tierra. Carreteras, coches y altos edificios. ¿Dónde estábamos? Si es que habíamos ido a alguna parte.
Notamos algunas diferencias, como modernos coches, más aeronaves de lo habitual y demasiada publicidad. Parecía el futuro. O eso es lo que dijo uno de los cuatro a lo que nos quedamos perplejos, ¿Sería cierto? Habríamos viajado al futuro, y si es así, ¿cuánto tiempo? De todas formas ninguno de nosotros estaba asustado. Ya estábamos dispuestos a morir antes y aceptamos esta misión con ese propósito. Pronto nos daríamos cuenta de que estábamos en Europa, Holanda. Mi casa del otro planeta se supone que está a unos pocos cientos de kilómetros a la redonda, así que pensé en ir. Con la duda de si era un planeta alienígena o era el futuro u otro universo, cada uno se fue por el camino que ya había planeado desde hacía 29 años. Preguntando a gente que parecía idénticamente a los humanos de la Tierra, y a pie, en unos pocos meses ya había llegado a mi pueblo. Aunque eso parecía más una ciudad pequeña con muchos anuncios. Cansado de descansar en albergues (sí, los hay) y de caminar durante tanto tiempo, llegué a lo que parecía el jardín de mi casa y me desplomé. Cuando me desperté mi mujer estaba sentada en la cama con un café, una tostada y un líquido que supuestamente quitaba el dolor físico. En un sueño pensé que estaba, hasta que entró por la puerta alguien que era un idéntico yo. Parecía muy real, no, era real. ¿Si fuese el futuro mi mujer estaría ahí? ¿Entonces dónde estaba, si en mi mundo ella está muerta y aquí no?
Nada más cruzar mis ojos con los de mi alter ego su presencia, su cuerpo, desapareció, como si en una secuencia de la misma foto quitas un fragmento. Acto seguido aquella figura que se parecía a mi mujer se desvaneció, como si estuviese hecha de polvo y alguien la soplara.
Entonces ya no recuerdo nada más que despertar en el jardín de mi casa, mi verdadera casa, en la verdadera Tierra, donde no se había descubierto ningún agujero de gusano, y donde yo había matado a mi mujer y a mi hija.
Este es el otro cuento que hice para el concurso, nunca lo presenté, y quedó guardado en mi ordenador, así que voy a sacarle partidillo y lo publico en este sitio, yo nunca hago nada sin esfuerzo, espero que compartáis mi sentimiento al escribir.
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