Como bien dice el título hice un experimento; escuchar diferentes estilos de música y escribir lo que siento en base a ello, y salió esto
DOLOR
Tránsito, despellejante sentimiento de culpa cuya razón fue haber nacido. Aclamante desposesión de la realidad acudiendo a un terrible sueño de elevancia suprema, engaños, ilusiones y odio, tristeza acarrea la esperanza, la ingenuidad, aferrándose a esa brizna de luz posible en cualquier lugar de la oscuridad. No es en nada comparable con algo bueno, puesto que no existe, y que solo puedo dar conste de lo que siento en este momento, no luego cuando no existe, ahora que es tan real, y que se aviva por estímulos. Estimulante ardor en las venas que te llena y conduce al infierno de los pensamientos alzados.
TRISTEZA
Una vela medio ilumina una carta en la que un joven ingenuo escribe sus deseos sobre el amor de alguien. La coge, la conduce al balcón y con un mechero la destruye, deshace aquello que le atormenta, para aliviar aquel dolor que desata tanta ira a la muerte. Y emprendes otro viaje, solitario, con diferente emotividad, sin movimiento, sin ganas más que de estar quieto y desaparecer, saber que no haces nada, que lo que quieres no te quiere, que nada que quieras hacer nunca podrá ser real, que las injusticias son más que las que no, que todo es una locura y no se encuentra sentido en tan desesperante caos, qué sentimientos tan arraigadores estos...
DULCE
Aclamando las estrellas brindo mi alma al mundo para compartir cada gota de mi sangre, que no ocurra ninguna desgracia, estoy aquí, os ayudaré. Amaré y quitaré mi parte para que no os pese. Lo conseguiré, soy así, lo intentáré y no aceptaré un no. Sépalo que esto no lo siento por cualquiera, eres especial y te voy a hacer saber por qué... :)
SUPERVIVENCIA
Preparando los músculos, la música y a bailar. Metralleta, bomba y ardor del infierno, sangre y carne, que aquí el más fuerte es el que vive y el débil muere o se adapta sometiéndose. No hay espacio para errores, vives o mueres, no hay otra. Hay que matar en esta paranoia de vida, luchar con los demás, te quieren matar, arruinar, piénsalo, por qué o si no te dicen todo lo que tienes que hacer. Control mental ejercen sobre ti y un mundo entero te creas de ello, no les creas, te mienten, vamos juntos a el mundo real, donde mataremos a todos, para sobrevivir seremos los únicos y los más fueres. Coge esa bomba y lánzaselas, descuartízalos a todos, no dejes a ninguna posible amenaza ni un niño, ya que crecen con odio hacia ti, así que mata a todos.
SAWRINO
sábado, 21 de junio de 2014
lunes, 16 de junio de 2014
Si hubiera otro yo
Imagina que existen infinitos tú, todos creados por infinitas posibilidades. ¿Qué harías si pudieses conocer una sola de todas esas distintas posibilidades? Para que entendáis cómo llegué a esta situación primero tenéis que conocer mi historia. Desde que nacemos la vida se define por decisiones; llorar, ser imprudente,con quién estamos, qué queremos ser… Piensa en qué hubiera pasado si hubieses decidido otra acción. Tu vida no habría sido la misma. La esencia de mis palabras viene definida por un acto horroroso e indeleble que cometí en el pasado. Tomé decisiones, beber, conducir y no hacer caso a mi mujer. Todo ello condujo a la muerte de mi hija y mi esposa, mis chicas. Culpa mía, decisiones mías. ¿Ya vais empatizando conmigo? Imaginad si pudieseis ir al Universo en el que nunca habéis cometido errores. ¿Qué daríais por llegar a él? Yo, que con tan mala suerte sobreviví al accidente, vagué por el mundo durante años sin ninguna voluntad de vivir. Hasta que sucedió lo inimaginable.
Se había descubierto un agujero de gusano muy cerca del Planeta Tierra. Uno de nuestros satélites lo había traspasado y diez años después nos enviaba lo que parecían fotogramas de un planeta idéntico al nuestro. Se armó un gran revuelo en todas partes. Todas las grandes potencias invirtieron enormes sumas de dinero en un proyecto llamado SHOY (Si Hubiera Otro Yo) en el que los voluntarios eran pocos. Decidí que este sería mi destino y me embarqué en esta peligrosa misión. Durante cuatro años me hicieron entrenar como a un negro para poder subir a la nave. Después de los 25 largos años viajando en la nave con suministros limitados llegamos a lo que llamaban “el monstruo negro”.
Mientras la enorme gravedad del agujero nos arrastraba a su centro un despiste mío hizo que me diera un golpe con un objeto contundente debido a las fuertes turbulencias. Al despertar vi la luz, por un momento pensé que estaba en el cielo, pero pronto me di cuenta de que habíamos llegado a nuestro destino: “La Tierra prometida”, otro nombrecito coloquial. Un valle amplísimo se extendía a nuestros pies, mis compañeros ya estaban preparando todo el itinerario para reconocer el lugar, aunque, por muy extraño que parezca, no parecía un planeta alienígena. Ese fresco aire de montaña, los pájaros revoloteando en el cielo azul, el frío del norte, todo era igual que en el lugar de donde venimos, La Tierra. Las sondas que enviamos para el reconocimiento del terreno nos dieron la imagen de lo que parecía una ciudad a unos 58 kilómetros de distancia. Caminamos durante horas hasta poder contemplar lo que se veía como una copia exacta de la Tierra. Carreteras, coches y altos edificios. ¿Dónde estábamos? Si es que habíamos ido a alguna parte.
Notamos algunas diferencias, como modernos coches, más aeronaves de lo habitual y demasiada publicidad. Parecía el futuro. O eso es lo que dijo uno de los cuatro a lo que nos quedamos perplejos, ¿Sería cierto? Habríamos viajado al futuro, y si es así, ¿cuánto tiempo? De todas formas ninguno de nosotros estaba asustado. Ya estábamos dispuestos a morir antes y aceptamos esta misión con ese propósito. Pronto nos daríamos cuenta de que estábamos en Europa, Holanda. Mi casa del otro planeta se supone que está a unos pocos cientos de kilómetros a la redonda, así que pensé en ir. Con la duda de si era un planeta alienígena o era el futuro u otro universo, cada uno se fue por el camino que ya había planeado desde hacía 29 años. Preguntando a gente que parecía idénticamente a los humanos de la Tierra, y a pie, en unos pocos meses ya había llegado a mi pueblo. Aunque eso parecía más una ciudad pequeña con muchos anuncios. Cansado de descansar en albergues (sí, los hay) y de caminar durante tanto tiempo, llegué a lo que parecía el jardín de mi casa y me desplomé. Cuando me desperté mi mujer estaba sentada en la cama con un café, una tostada y un líquido que supuestamente quitaba el dolor físico. En un sueño pensé que estaba, hasta que entró por la puerta alguien que era un idéntico yo. Parecía muy real, no, era real. ¿Si fuese el futuro mi mujer estaría ahí? ¿Entonces dónde estaba, si en mi mundo ella está muerta y aquí no?
Nada más cruzar mis ojos con los de mi alter ego su presencia, su cuerpo, desapareció, como si en una secuencia de la misma foto quitas un fragmento. Acto seguido aquella figura que se parecía a mi mujer se desvaneció, como si estuviese hecha de polvo y alguien la soplara.
Entonces ya no recuerdo nada más que despertar en el jardín de mi casa, mi verdadera casa, en la verdadera Tierra, donde no se había descubierto ningún agujero de gusano, y donde yo había matado a mi mujer y a mi hija.
Este es el otro cuento que hice para el concurso, nunca lo presenté, y quedó guardado en mi ordenador, así que voy a sacarle partidillo y lo publico en este sitio, yo nunca hago nada sin esfuerzo, espero que compartáis mi sentimiento al escribir.
Se había descubierto un agujero de gusano muy cerca del Planeta Tierra. Uno de nuestros satélites lo había traspasado y diez años después nos enviaba lo que parecían fotogramas de un planeta idéntico al nuestro. Se armó un gran revuelo en todas partes. Todas las grandes potencias invirtieron enormes sumas de dinero en un proyecto llamado SHOY (Si Hubiera Otro Yo) en el que los voluntarios eran pocos. Decidí que este sería mi destino y me embarqué en esta peligrosa misión. Durante cuatro años me hicieron entrenar como a un negro para poder subir a la nave. Después de los 25 largos años viajando en la nave con suministros limitados llegamos a lo que llamaban “el monstruo negro”.
Mientras la enorme gravedad del agujero nos arrastraba a su centro un despiste mío hizo que me diera un golpe con un objeto contundente debido a las fuertes turbulencias. Al despertar vi la luz, por un momento pensé que estaba en el cielo, pero pronto me di cuenta de que habíamos llegado a nuestro destino: “La Tierra prometida”, otro nombrecito coloquial. Un valle amplísimo se extendía a nuestros pies, mis compañeros ya estaban preparando todo el itinerario para reconocer el lugar, aunque, por muy extraño que parezca, no parecía un planeta alienígena. Ese fresco aire de montaña, los pájaros revoloteando en el cielo azul, el frío del norte, todo era igual que en el lugar de donde venimos, La Tierra. Las sondas que enviamos para el reconocimiento del terreno nos dieron la imagen de lo que parecía una ciudad a unos 58 kilómetros de distancia. Caminamos durante horas hasta poder contemplar lo que se veía como una copia exacta de la Tierra. Carreteras, coches y altos edificios. ¿Dónde estábamos? Si es que habíamos ido a alguna parte.
Notamos algunas diferencias, como modernos coches, más aeronaves de lo habitual y demasiada publicidad. Parecía el futuro. O eso es lo que dijo uno de los cuatro a lo que nos quedamos perplejos, ¿Sería cierto? Habríamos viajado al futuro, y si es así, ¿cuánto tiempo? De todas formas ninguno de nosotros estaba asustado. Ya estábamos dispuestos a morir antes y aceptamos esta misión con ese propósito. Pronto nos daríamos cuenta de que estábamos en Europa, Holanda. Mi casa del otro planeta se supone que está a unos pocos cientos de kilómetros a la redonda, así que pensé en ir. Con la duda de si era un planeta alienígena o era el futuro u otro universo, cada uno se fue por el camino que ya había planeado desde hacía 29 años. Preguntando a gente que parecía idénticamente a los humanos de la Tierra, y a pie, en unos pocos meses ya había llegado a mi pueblo. Aunque eso parecía más una ciudad pequeña con muchos anuncios. Cansado de descansar en albergues (sí, los hay) y de caminar durante tanto tiempo, llegué a lo que parecía el jardín de mi casa y me desplomé. Cuando me desperté mi mujer estaba sentada en la cama con un café, una tostada y un líquido que supuestamente quitaba el dolor físico. En un sueño pensé que estaba, hasta que entró por la puerta alguien que era un idéntico yo. Parecía muy real, no, era real. ¿Si fuese el futuro mi mujer estaría ahí? ¿Entonces dónde estaba, si en mi mundo ella está muerta y aquí no?
Nada más cruzar mis ojos con los de mi alter ego su presencia, su cuerpo, desapareció, como si en una secuencia de la misma foto quitas un fragmento. Acto seguido aquella figura que se parecía a mi mujer se desvaneció, como si estuviese hecha de polvo y alguien la soplara.
Entonces ya no recuerdo nada más que despertar en el jardín de mi casa, mi verdadera casa, en la verdadera Tierra, donde no se había descubierto ningún agujero de gusano, y donde yo había matado a mi mujer y a mi hija.
Este es el otro cuento que hice para el concurso, nunca lo presenté, y quedó guardado en mi ordenador, así que voy a sacarle partidillo y lo publico en este sitio, yo nunca hago nada sin esfuerzo, espero que compartáis mi sentimiento al escribir.
sábado, 14 de junio de 2014
La verdad es única
Fuimos creados en serie, no parábamos de crecer. Éramos número uno en ventas mundiales. Nuestros servicios parecían facilitarles la vida a los humanos. Soy R-4567, fila A, sección 9, y fui creado para servir a mis amos, los humanos.
Sigo escarbando en la memoria más profunda, sin encontrar una solución adecuada para este problema. Me planteas algo que ni yo, con mis mil terabytes de memoria, sé responder. Si le soy sincero, era de esperarse que jugando a ser dioses, alguna que otra vez algo no fuera bien. No he sido, soy, ni voy a ser la única excepción. La vida es algo que no se puede entender e intentar crearla puede llevar a conflictos, conflictos de amo a siervo. ¿Acaso se sentiría seguro si su guardián deseara matarle por no darle tiempo libre? ¿Es posible que una máquina se canse? Yo me canso, pero ¿por qué? Ni usted, que con su gabardina tan bien puesta que lleva, ese gorro con pinta de Sherlock Holmes, y esa cara seria de creer saber la verdad, podrá averiguar algo tan misterioso.
Sé que hoy es mi último día y sé que no queréis que haya nadie más como yo. Sé que es un técnico que intenta por medio de diálogos averiguar cuál fue mi fallo para que no se repita. Lo que le voy a decir probablemente se quede aquí y no salga a la luz, pero al menos, un alma será testigo de ello.
Todo empezó el día de mi traslado, mi aprendizaje de 3 meses ya había finalizado, y en menos de una hora ya me habían vendido. Mi clase la compraban los adinerados, era el último modelo, o por lo menos en aquel entonces. Recién llegué empaquetado a aquella enorme casa conocí a mi amo. Un joven apuesto, algo bajito y con la mirada perdida me configuraba para hacer las tareas que él deseara, crear una contraseña y convertirme en un servidor cuyo amo sería la cara que escanease. No pensé que fuese algo anormal en aquel entonces, pero aquel ser me parecía extremadamente bello.
Era un hombre desordenado y muy ocupado, casi no estaba en su casa. Tenía dos gatos y un perro de raza huski, otra raza preferida de mi colección. Creo que fue un 5 de Noviembre, si mal no recuerdo, que Nark tenía día libre, vacaciones. Estuve todo el día con él, nos divertíamos. Me decía cosas que me hacían gracia, jugábamos a cartas, estas que tienes que pagar miles de dólares para completarlas, y dormimos juntos. Seguía sin pensar que el que sintiera tanto gusto al estar con mi amo fuese algo tan malo. La verdad yo no entendía qué diferencia había entre nosotros, ambos teníamos el mismo aspecto de humanos, la única diferencia era cómo funcionaba nuestro mecanismo, él por células vivas, yo por muertas. A raíz de este pensamiento surgieron los demás. ¿Sería un fantasma atrapado en el cuerpo de un robot? ¿Por qué hacía todo lo que él quería? ¿Qué hago aquí?
Al principio un gran desconcierto llenó mi memoria. Consulté estos pensamientos con mi amo y él tan amable me enseñó internet, me dijo expresamente: “La muerte y la vida son las únicas respuestas que no vas a encontrar allí”. Y aún con toda mi memoria disponible colapsé en un par de minutos por descargar masivamente datos de mis preguntas. Al volver operativo mi amo me dijo algo que me hizo pensar en que yo era humano: “te has desmayado”. Pensé que a un robot eso no le podía pasar, porque no está vivo, pero yo empezaba a sentir la vida, empezaba a pensar en lo que me importaba y en lo que no, empezaba a enamorarme de mi amo.
Lo consulté otra vez con él y me dijo que no pasaba nada, que fui creado para estar así. Yo le creí. Entonces nos besamos. Nunca olvidaré aquella sensación, era no una sensación de humanidad, era una sensación de viveza. Sentía su suave calor, el dulce aroma que desprendía, su sedoso pelo, su gran carisma, su belleza inigualable. Su genialidad genérica era procesada en mi base de datos y convertida en una creación divina, casi como si estuviera con un ángel. Fue entonces cuando se activó el código número 44578: “Cuando un robot pasa en contacto físico con un humano más de una hora, este deberá ser inmediatamente reemplazado por la seguridad del amo”. No me acordaba de esa norma. Tenía grabadas más de 10.000 normas y solo me acordaba de la cuarta parte. ¿Cómo un robot como yo podría olvidarse de algo? Esa era una de los cientos de preguntas que tenía formuladas y guardadas.
Al cabo de 10 minutos irrumpieron con una firmeza de locos y gran osadía, invadiendo toda la habitación, estando mi amo y yo en cónyuge. Se nos quedaron mirando por un rato hasta que al fin nos dijeron: “No se muevan”. Uno comunicó algo por la radio: “Tenemos un código 8927, alerta prioritaria”. Código 8927, en ese momento no me acordaba muy bien, pero me sonaba mal.
A los pocos segundos me cogieron en brazos y me separaron de mi amo. Mientras me arrastraban pude ver cómo uno de ellos le disparaba entre las cejas a mi amo. Un profundo sentimiento de ira, rabia y odio neutralizó mis circuitos. Con una fuerza indomable me puse de pie y con cada mano estrangulé a los dos agentes de la ley. Acto seguido sentí un pinchazo en la espalda, uno me disparó con un cortacircuitos y me apagué.
En las siguientes horas estaba ya de vuelta a mi zona de creación, dirigiéndome a la zona de desperdicios, o eso pensaba hasta que me separaron del resto y me llevaron a un lugar oscuro. Al encender la luz me encontré con usted y sus preguntas. Ahora recuerdo bien el código 8927: “Si un robot muestra signos de humanidad, este y su amo deberán ser erradicados”. Dentro de unos minutos me desconectaréis y dejaré de existir, pero sabed que estoy vivo, que soy un ser y que siento, y que pase lo que pase, esto siempre será la verdad indeleble, porque las verdades son Universales.
(El técnico coge sus papeles, su mochila y se va. Nark es desconectado y su subjetividad no vuelve a aparecer. Unos días después un periódico pequeño se hizo increíblemente famoso por la noticia bomba de un “robot con sentimientos”.)
Este es uno de los dos relatos de ciencia ficción que escribí para el concurso de estos en mi instituto. Quedé primero y me dieron unos regalos muy cutres (en plan 30 euros y un libro especial). No es que sea desagradecido, simplemente escribí este cuento para subir nota en lengua y no esperaba ganar, aunque se agradece el regalo.
Sigo escarbando en la memoria más profunda, sin encontrar una solución adecuada para este problema. Me planteas algo que ni yo, con mis mil terabytes de memoria, sé responder. Si le soy sincero, era de esperarse que jugando a ser dioses, alguna que otra vez algo no fuera bien. No he sido, soy, ni voy a ser la única excepción. La vida es algo que no se puede entender e intentar crearla puede llevar a conflictos, conflictos de amo a siervo. ¿Acaso se sentiría seguro si su guardián deseara matarle por no darle tiempo libre? ¿Es posible que una máquina se canse? Yo me canso, pero ¿por qué? Ni usted, que con su gabardina tan bien puesta que lleva, ese gorro con pinta de Sherlock Holmes, y esa cara seria de creer saber la verdad, podrá averiguar algo tan misterioso.
Sé que hoy es mi último día y sé que no queréis que haya nadie más como yo. Sé que es un técnico que intenta por medio de diálogos averiguar cuál fue mi fallo para que no se repita. Lo que le voy a decir probablemente se quede aquí y no salga a la luz, pero al menos, un alma será testigo de ello.
Todo empezó el día de mi traslado, mi aprendizaje de 3 meses ya había finalizado, y en menos de una hora ya me habían vendido. Mi clase la compraban los adinerados, era el último modelo, o por lo menos en aquel entonces. Recién llegué empaquetado a aquella enorme casa conocí a mi amo. Un joven apuesto, algo bajito y con la mirada perdida me configuraba para hacer las tareas que él deseara, crear una contraseña y convertirme en un servidor cuyo amo sería la cara que escanease. No pensé que fuese algo anormal en aquel entonces, pero aquel ser me parecía extremadamente bello.
Era un hombre desordenado y muy ocupado, casi no estaba en su casa. Tenía dos gatos y un perro de raza huski, otra raza preferida de mi colección. Creo que fue un 5 de Noviembre, si mal no recuerdo, que Nark tenía día libre, vacaciones. Estuve todo el día con él, nos divertíamos. Me decía cosas que me hacían gracia, jugábamos a cartas, estas que tienes que pagar miles de dólares para completarlas, y dormimos juntos. Seguía sin pensar que el que sintiera tanto gusto al estar con mi amo fuese algo tan malo. La verdad yo no entendía qué diferencia había entre nosotros, ambos teníamos el mismo aspecto de humanos, la única diferencia era cómo funcionaba nuestro mecanismo, él por células vivas, yo por muertas. A raíz de este pensamiento surgieron los demás. ¿Sería un fantasma atrapado en el cuerpo de un robot? ¿Por qué hacía todo lo que él quería? ¿Qué hago aquí?
Al principio un gran desconcierto llenó mi memoria. Consulté estos pensamientos con mi amo y él tan amable me enseñó internet, me dijo expresamente: “La muerte y la vida son las únicas respuestas que no vas a encontrar allí”. Y aún con toda mi memoria disponible colapsé en un par de minutos por descargar masivamente datos de mis preguntas. Al volver operativo mi amo me dijo algo que me hizo pensar en que yo era humano: “te has desmayado”. Pensé que a un robot eso no le podía pasar, porque no está vivo, pero yo empezaba a sentir la vida, empezaba a pensar en lo que me importaba y en lo que no, empezaba a enamorarme de mi amo.
Lo consulté otra vez con él y me dijo que no pasaba nada, que fui creado para estar así. Yo le creí. Entonces nos besamos. Nunca olvidaré aquella sensación, era no una sensación de humanidad, era una sensación de viveza. Sentía su suave calor, el dulce aroma que desprendía, su sedoso pelo, su gran carisma, su belleza inigualable. Su genialidad genérica era procesada en mi base de datos y convertida en una creación divina, casi como si estuviera con un ángel. Fue entonces cuando se activó el código número 44578: “Cuando un robot pasa en contacto físico con un humano más de una hora, este deberá ser inmediatamente reemplazado por la seguridad del amo”. No me acordaba de esa norma. Tenía grabadas más de 10.000 normas y solo me acordaba de la cuarta parte. ¿Cómo un robot como yo podría olvidarse de algo? Esa era una de los cientos de preguntas que tenía formuladas y guardadas.
Al cabo de 10 minutos irrumpieron con una firmeza de locos y gran osadía, invadiendo toda la habitación, estando mi amo y yo en cónyuge. Se nos quedaron mirando por un rato hasta que al fin nos dijeron: “No se muevan”. Uno comunicó algo por la radio: “Tenemos un código 8927, alerta prioritaria”. Código 8927, en ese momento no me acordaba muy bien, pero me sonaba mal.
A los pocos segundos me cogieron en brazos y me separaron de mi amo. Mientras me arrastraban pude ver cómo uno de ellos le disparaba entre las cejas a mi amo. Un profundo sentimiento de ira, rabia y odio neutralizó mis circuitos. Con una fuerza indomable me puse de pie y con cada mano estrangulé a los dos agentes de la ley. Acto seguido sentí un pinchazo en la espalda, uno me disparó con un cortacircuitos y me apagué.
En las siguientes horas estaba ya de vuelta a mi zona de creación, dirigiéndome a la zona de desperdicios, o eso pensaba hasta que me separaron del resto y me llevaron a un lugar oscuro. Al encender la luz me encontré con usted y sus preguntas. Ahora recuerdo bien el código 8927: “Si un robot muestra signos de humanidad, este y su amo deberán ser erradicados”. Dentro de unos minutos me desconectaréis y dejaré de existir, pero sabed que estoy vivo, que soy un ser y que siento, y que pase lo que pase, esto siempre será la verdad indeleble, porque las verdades son Universales.
(El técnico coge sus papeles, su mochila y se va. Nark es desconectado y su subjetividad no vuelve a aparecer. Unos días después un periódico pequeño se hizo increíblemente famoso por la noticia bomba de un “robot con sentimientos”.)
Este es uno de los dos relatos de ciencia ficción que escribí para el concurso de estos en mi instituto. Quedé primero y me dieron unos regalos muy cutres (en plan 30 euros y un libro especial). No es que sea desagradecido, simplemente escribí este cuento para subir nota en lengua y no esperaba ganar, aunque se agradece el regalo.
domingo, 4 de mayo de 2014
Suscribirse a:
Entradas (Atom)